Salmo 84

1

¡Qué bonito es hogar de Dios!

 

2

Mi espíritu ansia los pórticos de Dios;

mi corazón y mi alma gozan de alegría,

cantando al lado de nuestro Señor.

 

3

El gorrión vuela por su morada,

y las golondrinas ponen nidos para criar a sus pardales,

próximos al trono de Dios,

oh mi Dios, mi Rey.

 

4

Benditos los que viven en tu morada;

Todos los días te rezarán

 

5

Benditos los hombres cuya energía eres Tú,

en su largo caminar.

 

6

Al transitar por los valles;

Aparecen las primeras lluvias,

como un regalo de Dios.

 

7

Se dirigen a Sion con paso firme;

Para presentar sus respetos a nuestro Señor.

 

8

Oh Dios escucha mi plegaria;

Atiende mis oraciones.

 

9

Observa, Dios, nuestra protección,

y pon tu mirada sobre la cabeza de tu hijo.

 

10

Prefiero vivir un día en tu pórtico que mil días fuera de ellos.

Anheló vivir cerca de las puertas de la morada de Dios,

que ocupar la pasada de la maldad.

 

11

Porque Dios ilumina mi día y es mi protector;

Mi Señor otorga su gloria y su bendición.

Ni arrebata el pan a quienes caminan por la bondad.

 

12

Oh mi Señor, Señor de los Cielos,

Feliz el hombre que deposita su esperanza en ti.

 

Salmo 84

 

En el Salmo 84 está el anhelo por la casa de Dios

Cuando el mundo sea agobiante, no tenemos en realidad motivos para asustarnos, así parezca que todo el sistema nos cae encima porque, tal como nos muestra este Salmo 84, no hay mejor morada que la casa de Dios.

Quienes conocen la casa de Dios, o han entrado en ella, saben que entran en un lugar lleno de protección en el que pueden encontrar todo el descanso que necesitan para liberarse de las presiones que el entorno pueda presentar.

Este no es un hecho nuevo, ya David lo sabía y por eso lo dejó claro en este Salmo 84. David confesaba cuánto anhelaba su alma estar en los espacios de adoración a Dios, y cómo su carne deseaba cantar al Dios vivo.

La verdad es que, a pesar que el hombre pecó en el origen de los tiempos, Dios continuó demostrando su gran misericordia para con todas sus criaturas, y así es cómo el gorrión tiene una casa y las golondrinas también tienen nidos para cuidar de sus polluelos.

Con mucha más razón, Dios también dispondría de un lugar en el cual encontrásemos paz, justamente al lado de sus altares. El Salmo 84 nos recuerda cuán bienaventurados somos quienes habitamos en la casa de Dios. La mejor decisión que puede tomar el hombre terrestre, sin lugar a dudas, es permanecer en la casa de Dios.

Solamente en la casa de Dios podremos encontrar todo el alivio que necesitamos para librarnos de nuestras tensiones y de todas aquellas cosas que nos agobien. Una vez que hemos entrado en la casa de nuestro Señor nuestra alma se alboroza y le canta, y le alaba, porque la sensación de seguridad que se encuentra allí no se pueden encontrar en ningún otro sitio en la tierra.

Cuando entramos en la casa de Dios, tal como señala este Salmo 84, todas nuestras fuerzas son puestas en Dios, y efectivamente experimentamos renovación. La alegría inunda nuestra vida.

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